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ISSN 1989-4163

NUMERO 07 - NOVIEMBRE 2009

 

Grande en lo Pequeño

Pedro Tellería

70 epifanías. Autor: Klaus Rifbjerg. Editorial Bassarai. 90 páginas. 2009.

De vez en cuando hay que dejar las grandes novelas o los profundos poemarios aparcados a la sombra de una acacia y recorrer el mundo en bicicleta. A eso tienen derecho tanto los escritores como los lectores. Después de una extensa trilogía... un libro como 70 epifanías. Se publicó en 2001 y ahora Bassarai lo presenta en formato de lujo e ilustraciones de Arne Haugen Sorensen.

Klaus Rifbjerg (1931) es un distinguido danés de Copenhague que ha escrito poesía, novela y ensayo. Cuando hace un tiempo leí Anna (yo) Anna pude comprobar en ella su maravillosa forma de narrar, que mezcla humor, ternura, situaciones disparatadas y mucha carga de profundidad sobre la condición humana. Por eso he recibido con alegría 70..., de la que podría decir que es otra manera de acercarse a él.

El libro es una colección de setenta textos breves con una aclaración inicial sobre el sentido que Rifbjerg concede al término epifanía (curiosamente, el DRAE lo escribe con mayúscula inicial). Sin embargo, y huyendo de la solemnidad normalmente asociada a la palabra, las manifestaciones de las que nos habla el danés son sencillas, “de lo trivial y banal”, como él mismo ejemplifica. Añade, además, que llegada cierta edad (en su caso, los setenta), apetece (o urge) repasar instantes que sin saberlo fueron quizá acontecimientos, anécdotas que sin saberlo fueron tal vez hilos conductores de una vida... La existencia en suma, con esa carga de profundidad y ligereza, de juego y seriedad que tiene tantas veces.

Por tanto, Rifbjerg desempolva recuerdos, esparce reflexiones y narra breves episodios, pero sazonándolo todo con las especias del humor, que son la pimienta y la nuez moscada de nuestra dieta. Que el lector sepa por ello que 70... no es un libro gravemente nórdico aunque su autor sea danés, ni temblorosamente elegíaco a pesar de que sea poeta. Rifbjerg canta a la vida sin complejos y nos regala fragmentos inolvidables donde repasa la figura del padre; nos alecciona sobre el poder evocador de los objetos o la sencillez de la naturaleza; y homenajea a la música y, cómo no, también a las borracheras y a los retretes. Lo sublime y lo normal (que no lo bajo ni lo abyecto) van de la mano por los nevados caminos daneses en una celebración de la vida que suena a todo menos a una lacrimosa despedida.

La edición se acompaña con ilustraciones verde-azules y ocres, vagamente figurativas, del también danés Arne Haugen Sorensen, que acompasa el ritmo de la lectura acentuando aquellos datos que le parecen relevantes.  

Con Rifbjerg he rescatado el gusto por el texto breve, a veces lírico, a veces narrativo, siempre poético. ¿Qué sería de la literatura sin aforismos, por ejemplo, o sin un poema en prosa, sin un chispazo que me mantiene atento un minuto o dos y que me llama una y otra vez a releerlo?

Además, con Rifbjerg se sonríe y se ríe hasta la carcajada (el episodio del búho es magnífico). Leyendo sus textos breves se piensa sobre la vida sin pesimismo y con esperanza, disfrutando del trayecto como si fuéramos cómodamente sentados en el asiento de un tren que avanza despacio. En un tren o en la parrilla de la bicicleta de Rifbjerg, donde nos lleva montados como a su primo pequeño, mientras nos señala con el dedo las cosas que le gustan.

 
 

70 Epifanías

 

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